La Divina Providencia

El pan de cada día

Poco tiempo después de que la Madre Angélica fundara el Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles en Irondale, un empresario local, dueño de una cadena de almacenes de comestibles, ofreció donar toda la comida para las hermanas. De ahí que la gente del lugar, la mayoría protestantes, fueron acostumbrándose a ver a monjas franciscanas en el establecimiento. La orden creció y el número de monjas que había que alimentar era cada vez mayor. Un tanto preocupada, la Madre Angélica preguntó al empresario si él podía seguir financiando los víveres, a lo cual él respondió que al contrario,  no podía darse el lujo de dejar de hacer esa obra de misericordia ya que estaba convenciddo de que gracias a ello, su cadena de almacenes había crececido exponencialmente.
 
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