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FERIAS
DE ADVIENTO
del 17 al 24 de diciembre
El
tiempo de Adviento tiene un cambio importante a partir de la octava
anterior a la Navidad, pues tanto en la Liturgia de las Horas como en la
Eucaristía se celebra ya sólo el acontecimiento dela venida en la carne
del Hijo de Dios, leyéndose los llamados «evangelios de la infancia de
Jesús» junto con pasajes proféticos alusivos a los evangelios de cada
día. En las oraciones se pide generalmente la plena participación en el
misterio de la encarnación del Señor mediante la vida sacramental que
comenzó en el bautismo y se acrecienta en la Eucaristía.
17 de diciembre
«Exulta, cielo; alégrate, tierra, porque viene el Señor y se compadecerá
de los desamparados. » (Antífona
de Entrada, Cf.
Is 49, 13)
«Vendrá
el deseado de las naciones y se llenará de gloria el templo del Señor.»
(Antifona
de Comunión, Ag 2, 8)
Reflexión
"Populus, quí
ambulabat in tenebris, vidit lucem magnam - El pueblo que caminaba en
las tinieblas vio una luz grande" (Is 9, 1).
Todos los años escuchamos estas palabras del profeta Isaías, en el
contexto sugestivo de la conmemoración litúrgica del nacimiento de
Cristo. Cada año adquieren un nuevo sabor y hacen revivir el clima de
expectación y de esperanza, de estupor y de gozo, que son típicos de la
Navidad.
Al pueblo oprimido y doliente, que caminaba en tinieblas, se le apareció
"una gran luz". Sí, una luz verdaderamente "grande", porque la que
irradia de la humildad del pesebre es la luz de la nueva creación. Si la
primera creación empezó con la luz (cf. Gn 1, 3), mucho más
resplandeciente y "grande" es la luz que da comienzo a la nueva
creación: ¡es Dios mismo hecho hombre!
La Navidad es acontecimiento de luz, es la fiesta de la luz: en el Niño
de Belén, la luz originaria vuelve a resplandecer en el cielo de la
humanidad y despeja las nubes del pecado. El fulgor del triunfo
definitivo de Dios aparece en el horizonte de la historia para proponer
a los hombres un nuevo futuro de esperanza.
(Misa de Medianoche,
Homilía de S.S. Juan Pablo Navidad,
24 de diciembre de 2001).
Oración
Señor y Dios
nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al
anunciárcelo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has
transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad,
concédenos siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con
humildad de corazón. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén. |