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FERIAS
DE ADVIENTO
del 17 al 24 de diciembre
El
tiempo de Adviento tiene un cambio importante a partir de la octava
anterior a la Navidad, pues tanto en la Liturgia de las Horas como en la
Eucaristía se celebra ya sólo el acontecimiento dela venida en la carne
del Hijo de Dios, leyéndose los llamados «evangelios de la infancia de
Jesús» junto con pasajes proféticos alusivos a los evangelios de cada
día. En las oraciones se pide generalmente la plena participación en el
misterio de la encarnación del Señor mediante la vida sacramental que
comenzó en el bautismo y se acrecienta en la Eucaristía.
18 de diciembre
«El Mesías, que Juan nos anunció como Cordero, vendrá como Rey.» (Antífona
de Entrada)
«Le
pondrán por nombre Emmanuel, que significa: 'Dios-con-nosotros.»
(Antifona
de Comunión, Mt 1, 23)
Reflexión
«"Habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló." (Is 9, 1)
El anuncio gozoso que se acaba de proclamar en nuestra asamblea vale
también para nosotros, hombres y mujeres en el alba del tercer milenio.
La comunidad de los creyentes se reúne en oración para escucharlo en
todas las regiones del mundo. Tanto en el frío y la nieve del invierno
como en el calor tórrido de los trópicos, esta noche es Noche Santa para
todos.
Esperado por mucho tiempo, irrumpe por fin el resplandor del nuevo Día.
¡El Mesías ha nacido, el Enmanuel, Dios con nosotros! Ha nacido Aquel
que fue preanunciado por los profetas e invocado constantemente por
cuantos "habitaban en tierras de sombras". En el silencio y la oscuridad
de la noche, la luz se hace palabra y mensaje de esperanza.
Pero, ¿no contrasta quizás esta certeza de fe con la realidad histórica
en que vivimos? Si escuchamos las tristes noticias de las crónicas,
estas palabras de luz y esperanza parecen hablar de ensueños. Pero aquí
reside precisamente el reto de la fe, que convierte este anuncio en
consolador y, al mismo tiempo, exigente. La fe nos hace sentirnos
rodeados por el tierno amor de Dios, a la vez que nos compromete en el
amor efectivo a Dios y a los hermanos.
(Misa de Medianoche,
Homilía de S.S. Juan Pablo Navidad, 24 de diciembre de 2001).
Oración
Señor y Dios
nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al
anunciárcelo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has
transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad,
concédenos siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con
humildad de corazón. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén. |